La historia de la FABZ

30 años de la FABZ
(y 40 del movimiento vecinal)

Artículo publicado en La Calle de Todos en diciembre de 2018

Hace 30 años, en noviembre de 1978, se celebró la Asamblea Constituyente de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza. Sin embargo, aunque esta sea la fecha oficial de su constitución, las asociaciones que la formaron venían trabajando y coordinándose desde años atrás. Aprovechamos esta celebración para recordar, aunque sea tan resumidamente, lo que ha sido el movimiento vecinal y la FABZ durante estos años.

Entre charcos y policías

A finales de los años sesenta la situación material de los barrios de Zaragoza es desoladora. La ciudad pasa de tener 300.000 habitantes en 1960, a 400.000 en apenas cinco años, debido a la avalancha inmigratoria que acude a trabajar a las nuevas industrias que se instalan en ella. Esta población se concentra en barrios que crecen a golpe de especulación. Sobre las antiguas parcelas o en lejanos descampados y huertas, rodeados de acequias, se levantan bloques de pisos, muchas veces sin la más mínima urbanización: calles sin asfaltar, que se llenan de charcos apenas llueve, sin alumbrado, sin transporte público o muy deficiente, sin escuelas, sin ambulatorios… En San José, por poner un solo ejemplo, un barrio con más de 12.000 niños en edad escolar, no se había construido un centro escolar desde hacía cuarenta años.

A esto hay que añadir las penosas condiciones de trabajo: según estadísticas oficiales, en Las Fuentes el 94% de los cabezas de familia trabajan más de 48 horas semanales, y el 25% más de 60 horas. En Delicias el 16%, y en San José el 21% hacen más de 70 horas a la semana. Así, más o menos, en todos los barrios. Y todo ello en el marco de la absoluta falta de libertades.

En esta situación comienzan a reunirse en casi todas las parroquias de barrios obreros, alentados por agrupaciones cristianas de base, grupos de vecinos para tratar de los problemas sociales del barrio. Son jóvenes de las JOC, trabajadores de la HOAC, de las Comunidades Cristianas Populares, de partidos de izquierda o, simplemente, vecinos antifranquistas, que empiezan a formar clubes juveniles y a fomentar actividades culturales. Todo ello, bajo el relativo paraguas protector que proporcionaba la parroquia frente a la vigilancia y represión policial (de cárcel y tortura todavía).

Estos grupos de vecinos aprovecharán los estrechos resquicios legales del franquismo para formar las primeras asociaciones. Excepto la Asociación de Propietarios de La Paz, todas ellas nacen como Asociaciones de Cabezas de Familia (ACF), acogidas a una ley de 1964, y reguladas por la Secretaría General del Movimiento. La primera, en 1970, será la de Picarral, que se reunía en la parroquia de Belén, y poco después la del Oliver. En junio, la asociación del Picarral organiza su primera colonia de verano, que ha venido celebrándose casi ininterrumpidamente desde entonces.

Las asociaciones

A partir de ese año se van formando asociaciones en casi todos los barrios de la
ciudad: Delicias (Andrés Vicente-Castillo Palomar y Terminillo), Venecia, Torrero, Las Fuentes, la Almozara (1973), San José, La Jota (1974); la de Casco Viejo, en 1975, será la primera de “vecinos”. Paralelamente, junto a ellas pronto se formarán Comités de Barrio clandestinos, integrados por vecinos más politizados y militantes de partidos de izquierda. Estos comités y su coordinadora vienen a impulsar aquellas acciones que, por su carácter ilegal, no podían convocarse desde las asociaciones.

Son años de las reivindicaciones más elementales: urbanización de calles, agua y vertido, alumbrado, asfaltado, colegios, ambulatorios, etc. Desde el primer momento también irán unidas a los no menos elementales derechos democráticos. Sin duda, la respuesta dada por el movimiento vecinal a la muerte de los 23 trabajadores en el incendio de Tapicerías Bonafonte, en un bajo de Rodrigo Rebolledo (en Las Fuentes), el 11 diciembre de 1972, marca un hito en esta época.

Por entonces las luchas se multiplican: en La Paz, proponiendo un Plan Parcial alternativo a la urbanización ilegal, consentida por el Ayuntamiento; en Delicias, la de Parcelación Barcelona, exigiendo la urbanización de los bloques (una de las primeras ocasiones en la que los vecinos exigen y consiguen la aplicación de la Ley del Suelo); en el Oliver, para que el Ayuntamiento asuma el 33% del coste de las obras de agua y vertido; la de los vecinos de Venecia para conseguir un ambulatorio; las del Picarral, entre muchas, por el asfaltado de algunas calles (reivindicadas, entre otras acciones, a base de cientos de llamadas al alcalde Horno Liria); la de la Almozara por el desmantelamiento de la Industria Química…

Los barrios en la calle

Pero sin duda, 1974 es el año de explosión de este primer movimiento vecinal.
En Valdefierro, un grupo de vecinos alrededor de la parroquia realizan una campaña por la mejora del servicio de autobús (no pertenecía a TUZSA): recogen firmas, se entrevistan con el alcalde, con la compañía que presta el servicio… Por fin, de manera espontánea, el 16 de marzo estalla el motín y durante varios días los vecinos boicotean los buses, los apedrean y se enfrentan a la “fuerza pública”. Hay 15 “grises” heridos y cuatro vecinos detenidos.

Pero la situación de Valdefierro es sólo un síntoma de lo que sucede en los demás barrios. Pronto se crean Comisiones de Transporte en casi todas las ACF. Nace la primera coordinadora de transporte, se acuerda una tabla reivindicativa común, apoyada por 11 asociaciones, y se difunde en asambleas de barrio, recogida de 15.000 firmas… En esta campaña son detenidos dos jovencicos, Jaime Gaspar y Miguel Trasobares, en una mesa de la ACF de San José: serán los primeros, no los últimos, detenidos de las asociaciones.El 7 de octubre, 300 vecinos de las ACF de Delicias-Terminillo, Andrés Vicente-Castillo Palomar, Oliver, Picarral y Venecia, deciden concentrarse en la puerta del Ayuntamiento para presentar las firmas reunidas. El alcalde, Mariano Horno Liria, deja una boda de alto copete a la que asistía y les recibe en el Salón de Sesiones. Les contesta su famosa frase: “A mí nadie me lleva por la calle de la amargura. Aunque 400.000 vecinos me pidan algo, decidiré sólo con mis concejales, únicos representantes legales de los ciudadanos”. No menos memorables son las palabras que dedicó a este hecho el quincenal Andalán: “No había guardias con plumeros blancos, ni ujieres, ni maceros, pero la escalinata del Ayuntamineto se vistió de gala; por ella subía el personaje más importante que nunca la utilizara: el pueblo soberano”.

Mientras se multiplican las luchas parciales en los barrios, continúa la lucha por el transporte común. Se convocó un boicot al transporte público que es seguido masivamente en Picarral y Oliver. Pero son tiempos difíciles, el Ayuntamiento, desde la comisión de Gobernación, presidida por el conocido empresario Solans, negocia con la empresa de trasportes el nuevo convenio. A pesar de todas las protestas, el 15 de junio de 1975, el Ayuntamiento aprueba el convenio con Tuzsa, por el que se suprimen los tranvías y trolebuses, y se prolonga la concesión del servicio hasta 2015. Aún lo estamos sufriendo.

La Agrupación de Barrios

En octubre de 1975, el Jefe Provincial del Movimiento suspende por seis meses
las actividades de las ACF de Delicias-Terminillo, Andrés Vicente, San José,
Picarral, Oliver, Las Fuentes y Venecia. Este hecho desatará una gran oleada de
solidaridad: quince entidades ciudadanas y el Colegio de Arquitectos exigen el
levantamiento de la sanción, que será revocada el 24 de diciembre.

Franco muere con las asociaciones de vecinos prohibidas. Pero serán éstas
las primeras en convocar a los zaragozanos por la amnistía y las libertades: a su
llamamiento el 24 de enero de 1976, más de 15.000 vecinos se concentran en el
Gobierno Civil en la primera gran manifestación tras la muerte del dictador.
Aunque las asociaciones no habían dejado de estar coordinadas de manera
más o menos clandestina, en marzo de 1976 se constituye de forma “legal” la
Agrupación de Barrios Urbanos de Zaragoza capital. Su presidente, aunque no
acuda a las reuniones, es todavía el conocido falangista Julián Muro Navarro. Las
asociaciones que la forman son las ACF de Andres Vicente-Castillo Palomar,
Terminillo, Torrero, Centro, San José, Picarral, Tte. Polanco-Ortiz de Zárate,
Almozara, La Jota, Arrabal, Ranillas, San Gregorio, Valdefierro, Casablanca y
Oliver. En reuniones posteriores se sumarán Las Fuentes, Casetas… Entre sus
primeras decisiones están la de convocar las distintas comisiones de Urbanismo,
Enseñanza, Transporte, Cultura, Precios, etc., y la de solicitar la dimisión del
gobernador civil, ya que “su actuación no responde a las aspiraciones
democráticas de la mayoría de los ciudadanos”.

Las luchas y las actividades se suceden. En mayo, la Audiencia declarará
ilegales las 678 viviendas de La Paz, tras otra larga lucha de los vecinos. En
junio, más de 6.000 personas se manifiestan en Las Fuentes contra la sentencia
por el incendio de Tapicerías Bonafonte: es la primera manifestación legal de la predemocracia. Ese verano se organizan por primera vez fiestas populares en
algunos barrios, destacando las de Torrero que congregan a vecinos de toda la
ciudad.

Sin embargo, hace casi dos años que ha muerto Franco y no cesa la
represión: el 5 de febrero de 1977 muere tiroteado el albañil Vicente Basanta
cuando pintaba en la tapia de Alumalsa en Torrero “Trabajo sí, policía no”. En
mayo, son más de 3.000 los vecinos de San José que se manifiestan reclamando
el cubrimiento de la acequia de José Pellicer en la que había muerto un niño. En
junio, otra manifestación de vecinos de la Almozara obliga al alcalde a acudir al
Ayuntamiento a las 12 de la noche. Al año siguiente, 8 marzo de 1978, esta lucha
contra la contaminante Industrial Química alcanza su punto álgido: cierran
talleres, bares y comercios de la Almozara, y 6.000 vecinos se manifiestan contra
dicha industria.

La Federación

Por fin ese año, en noviembre, se celebra la Asamblea Constituyente de la
Federación de Asociaciones de Barrio “Saracosta” de Zaragoza, la FABZ,
aunque su acta de constitución se feche el 4 de enero de 1979. La mayoría
figuran todavía como “asociaciones familiares”, Torrero, San José, Santa Isabel,
la Almozara, Juslibol, Casetas, Picarral y La Jota, y sólo algunas, el Arrabal y La
Cartuja, lo hacen como “de vecinos”.

Una de las primeras propuestas del nuevo Secretariado de la FABZ es la
de recuperar la celebración de la Cincomarzada, prohibida desde la Guerra Civil:
un grupo de vecinos se reúnen en la arboleda de Macanaz, uno de los sitios
tradicionales, pero un destacamento de grises impide la reunión de los no muchos
vecinos congregados. Alguien dice que en el parque del Tío Jorge hay mucha
gente porque se celebran varios partidos de fútbol, y allí se fueron con las
garrafas, las calderetas y las pancartas. Los grises se perdieron por el camino, y
allí se celebró.

El 3 de abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales
democráticas. Son elegidos 11 concejales del PSOE, 8 de UCD, 6 del PAR, 4 del
PCE y 2 del PTA (Partido del Trabajo). Sainz de Varanda, del PSOE, es elegido
primer alcalde de la democracia, 43 años después de la destitución del último
alcalde republicano. Comienza una nueva etapa para el movimiento vecinal.

Frutos y desencanto

La década de los ochenta son años de recoger los frutos de tantos años de lucha,
de esperanza, pero también de confusión y desencanto para muchos. Por un lado,
con los nuevos ayuntamientos democráticos comienzan a hacerse realidad
numerosas reivindicaciones de los barrios, las más elementales por lo menos: el
asfaltado y urbanización de sus calles, los centros de salud, los colegios públicos,
los primeros centros culturales o de mayores, las piscinas. Sin embargo, en
numerosas ocasiones las realizaciones llegan con una exasperante lentitud,
mientras los barrios no dejan de crecer y de demandar nuevos servicios. En las
asociaciones se nota un relativo cansancio. Algunos de sus militantes están en el
Ayuntamiento o en la Administración, y ahora reclaman paciencia a sus antiguos compañeros. Para otros, incluso, las asociaciones sobran en un ayuntamiento
democrático, o pretenden conducir -y reducir- la participación ciudadana a la
actividad de los partidos políticos. Algunas asociaciones entran en crisis,
llegando incluso a desaparecer, como las históricas del Terminillo o Andrés
Vicente.

En estas condiciones hizo frente la FABZ a asuntos tan importantes para
la ciudad como fueron, por ejemplo, la operación cuarteles o el problema de los
realojos de la población gitana en Quinta Julieta, el Oliver y el Actur. Pronto
tuvimos que sufrir de nuevo el tufo de grandes pelotazos que, pensábamos, sólo
podían producirse en épocas pasadas, como lo sucedido con los terrenos de Renfe
en el Arrabal, la fábrica de CAITASA, el Tubo, o la famosa “salchicha” del
Actur, por citar algunos. De nuevo la ciudad se remodela y crece a golpe de
especulación y negocio privado.

También el movimiento vecinal tuvo que hacer frente a nuevos problemas.
La reconversión industrial y el paro trajeron una secuela nueva, las drogas, que
llegaron a extenderse por entonces por los barrios, cebándose en los jóvenes, los
más humildes y los desencantados. Mató a más que toda la policía de Franco.
Pero, a pesar de los pesares, el movimiento vecinal superó aquella dura
prueba. Si antes se necesitó valor para luchar contra la dictadura, ahora hacía
falta tenacidad para recorrer una y otra vez los despachos municipales, para no
desanimarse ante las dilaciones y las zancadillas. Si antes bastaba con una
consigna para reclamar lo más imprescindible, ahora había que elaborar y ofrecer
alternativas viables para todo.

Nuevas asociaciones se fundaron en los barrios más jóvenes, como las del
Actur, la Bozada-Universitas o Vadorrey, otras se refundaron, como la de
Delicias, o reciben nuevos socios. A mediados de los ochenta las asociaciones
van librándose de las injerencias partidistas y recuperan su independencia y
autonomía. En ellas participan miembros de partidos políticos, pero en pie de
igualdad con los vecinos independientes. Además, algunas de ellas, ante la
inoperancia de la Administración para resolver ciertas necesidades de los barrios,
comienzan a ofrecer alternativas de gestión eficaces impulsadas desde las propias
asociaciones. Comenzaron a forjarse entonces, no sin grandes debates, los
proyectos para talleres ocupacionales, centros de tiempo libre, casas de juventud
y otros recursos asistenciales. En 1985 se crea el Taller Ocupacional del Picarral
y poco después el de La Jota. También la propia FABZ gestionará con el tiempo
un centro de acogida para drogodependientes, que atendió a cientos de jóvenes
durante años.

Pero ni por un momento dejaron las asociaciones y la FABZ de hacer
frente a las necesidades de los vecinos. Mientras unos equipamientos llegan a
cuentagotas, otros muchos duermen el sueño de los justos. Si se han conseguido
el parque de La Granja o el de Torrerramona, aún hay que luchar por los de
Delicias, el Oliver, el de la Bombarda-Monsalud, el Jardín de la Memoria de San
José, el de Valdefierro…, y como los parques tantas cosas en todos y cada uno de
los barrios.

Los años noventa

Se refuerza también en estos años otra característica clave de la Federación y de
las asociaciones. Tanto éstas en cada barrio, como la FABZ respecto al conjunto
de la ciudad, son la referencia obligada para el debate, el consenso y la acción
común de los colectivos ciudadanos. En los barrios, las asociaciones potencian la
unión de todos para el desarrollo comunitario, como en el caso ejemplar de Las
Fuentes. A la FABZ, ningún problema ciudadano le es ajeno: el trasvase del
Ebro, la oposición a la base americana, el rechazo a la mili y el apoyo a los
insumisos, los derechos de la mujer, la atención a los nuevos inmigrantes que
empiezan a llegar, la oposición a la guerra del Golfo, la defensa de la sanidad
pública y un largo etcétera.

Sin duda por su carácter plural e independiente de los partidos políticos, la
FABZ es la elegida para reunir, debatir y fraguar la unidad entre los diferentes
colectivos. Su local, en San Vicente de Paúl es durante estos años la Casa de
todos. Allí, ecologistas, pacifistas, insumisos, mujeres, inmigrantes, antifascistas,
okupas, conviven con los vecinos y los arquitectos que discuten sobre el nuevo
Plan de Ordenación Urbana, con plataformas de médicos y sanitarios que
defienden la sanidad pública, o con los que se oponen a los nuevos trasvases y
defienden una Nueva Cultura del Agua.

Son más de 30 las AAVV que en esos momentos reúne la FABZ. Otra
muestra de su capacidad y prestigio puede ser la creación de la revista LA
CALLE de todos, cuyo número 0 sale en octubre de 1992, y que desde el primer
momento es una revista abierta y plural en la que colaboran desde prestigiosos
profesionales y técnicos, hasta los artistas y colectivos sociales más jóvenes. Hoy
todavía es un caso único en el panorama nacional (sólo la Federación de
Barcelona tiene un medio comparable).

Tampoco cesaron en estos años las luchas de los barrios. De ellas han
dado ya buena cuenta las páginas de LA CALLE y no es preciso extendernos en
su relato. Pero no podemos dejar de mencionar las movilizaciones de Delicias y
la Almozara, que aunaron a toda la ciudad para lograr el cubrimiento de las vías
del AVE; las de la Coordinadora de Torrero-Venecia-La Paz, que hasta el último
momento luchó para salvar los Pinares del tercer cinturón; o las del Oliver,
Valdefierro, Miralbueno, La Cartuja, Picarral, La Jota, San José… que también
salieron a la calle por los equipamientos que no llegaban, por sus accesos viales,
o por el transporte público. Tampoco podemos olvidar las reivindicativas
Cincomarzadas y Bajadas del Canal.

La FABZ hoy

Ni en los años del nuevo siglo ha dejado la FABZ de crecer y movilizarse.
Recordemos, por ejemplo, la consecución de una de las reivindicaciones más
históricas del movimiento vecinal: el billete-hora. Como tantas otras cosas,
cuando se tiene algo, se olvida lo que ha costado, lo que se ha luchado para
conseguirlo. En la misma línea tenemos que señalar el gran esfuerzo realizado
por la movilidad sostenible de la ciudad, por la mejora del transporte público, por
la implantación de carriles bici, peatonalizaciones de calles o la aprobación del proyecto del tranvía, todo ello con múltiples movilizaciones en la calle y con su
apoyo decidido al Foro Ciudadano por la Movilidad Sostenible.

Hoy la Federación de Barrios agrupa a 44 asociaciones de vecinos de
todos los barrios de Zaragoza y de algunos pueblos de su alrededor. Dentro de
ese marco general de “vecinos” y de “barrio”, sin otro calificativo, en ella
conviven asociaciones del más variado tipo, magnitud y condición. Unas tienen
más de mil socios, otras apenas doce, pero son todos los habitantes del barrio,
como la de Torrecilla de Valmadrid. Cuando tienen buenos locales, todos son
centros de reunión y convivencia de los vecinos del barrio. Varias gestionan o
participan en proyectos sociales de formación, asistenciales, de prevención de
drogodependencias, de atención a la mujer, a los inmigrantes, a la juventud, a la
infancia.

Pero todas las asociaciones, y con ellas la FABZ, mantienen esa condición
común que han mantenido a lo largo de su historia: la de ser espacios de
participación y de convivencia ciudadana. Centros abiertos a todas y a todos, a
los que cualquier vecino puede acudir para expresarse en libertad, para hacer oír
su voz sobre los problemas del barrio o de la ciudad en general. Lugares para
aquellos que creen que la vida no se acaba en las cuatro paredes de sus casas,
sino que quieren convivir con sus vecinos. Y espacios de libertad para aquellos
que no se resisten a aceptar que la democracia se reduzca a emitir un voto cada
cuatro años, sino que quieren participar directamente en mejorar las condiciones
de vida de sus barrios y de su ciudad.