ESPACIOS SINGULARES, conferencia de Jo Farb, en la Harinera Zgz

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Presentamos por su gran interés la conferencia, en un texto condensado, de Jo Farb Hernández, impartida en la Harinera de Zaragoza el pasado sábado, a propuesta de la Asociación Vecinal de San José.

Jo Farb es directora y profesora en el Departamento de Arte e Historia del Arte en la Universidad Estatal de California (San José), y directora de SPACES (Salvar y Preservar los Artes y Entornos Culturales), el archivo sin fines de lucro más grande del mundo sobre preservación de entornos de arte brut y otras artes autodidactas. Ha estudiado este tipo de manifestaciones artísticas en nuestro país y, en particular, lleva años defendiendo la conservación de La Casa de Dios, obra del zaragozano Julio Basanta, ubicada en Épila

 

ESPACIOS SINGULARES

Por Jo Farb Hernández

Llevo realizando búsquedas sobre los “entornos de arte brut” desde 1973, cuando por entonces mi novio – ahora marido – Sam Hernández y yo, viajábamos los fines de semana para visitar los maravillosos lugares del estado de Wisconsin.

Fred Smith, Wisconsin Concrete Park, 1974

Poco después, me licencié en la Universidad de California, en Los Ángeles, y tras mi llegada, una de mis primeras y principales metas fue la visita a las Torres de Sábato Rodia, en Watts.

Sabato Rodia, Watts Towers

Terminada de escribir mi tesis sobre estos entornos en los Estados Unidos, y al finalizar mis estudios y pasar una temporada en Texas, trabajando en el Museo de Bellas Artes en Dallas, regresamos a California, donde trabajé como directora y comisaria en varios museos y galerías sin ánimo de lucro. Durante estos años me interesé en diversos géneros y tipos de arte, pero al final siempre regresaba a los espacios singulares porque ellos son mi verdadera pasión y mi fuente de inspiración.

En 1980 empecé a trabajar con el archivo sin fines lucrativos de SPACES (Saving and Preserving Arts and Cultural Environments) y llegué a ser su directora en 2006. SPACES (www.spacesarchives.org) fue fundado en los años sesenta; es una organización internacional con un enfoque sobre la identificación y preservación de los entornos monumentales de arte realizados por creadores autodidactas; desde los comienzos, la defensa de estas obras siempre fue considerada de gran importancia. Antes de que SPACES se fundara, en el 1959, tan solo existía un grupo informal de ciudadanos preocupados que se reunieron para luchar por la supervivencia de las Torres Watts de Rodia.

Sabato Rodia, Watts Towers

Por eso hemos aprendido que es importante no solo estudiar los entornos y documentarlos, sino involucrarnos en su defensa, políticamente, si hace falta, por asegurar su preservación. Y hoy en día continuamos apoyando otros lugares como el de Salvation Mountain, en California; el de Chomo en Francia; “Pillimpo” en Lanzarote, de José García; o el de Julio Basanta en Aragón. Nos interesa cada sitio en cualquier lugar del mundo que se encuentre amenazado.

Julio Basanta, Casa de Dios

En la actualidad mi principal proyecto es la búsqueda de espacios singulares en España. Comencé estos estudios en 1999, y uno de mis primeros descubrimientos fue la enorme construcción de Josep Pujiula i Vila, situada justo al lado de una carretera.  Documentando aquella obra, poco a poco fui conociendo más entornos, cada uno diferente por su estética, los medios y las motivaciones del autor.

Josep Pujiula i Vila, El Poblat Salvatge

Gracias a una beca Fulbright que recibí en el 2008, pasé una larga temporada en España para continuar investigando profundamente en este campo. Llegué a conocer numerosos lugares y mi libro Singular Spaces recopiló las obras de 45 artistas.

Y, como sigo haciendo búsquedas, he “descubierto” casi 100 más desde aquella publicación, que formarán la base  de mi segundo tomo. Y estoy segura de que todavía quedan muchos más por descubrir: no cesaré en la búsqueda.

Quisiera hablar un par de minutos sobre la definición de estas obras: los espacios singulares han sido descritos como arte folclórico, arte outsider, arte brut, arte visionario, arte intuitivo o como basura. De hecho, son difíciles a clasificar. En los Estados Unidos muchos han usado el término “folk art” para distinguirlos de obras de arte contemporáneas realizadas por artistas con formación académica. Pero proponer un enlace con el arte folclórico implicaría que estas obras tendrían que estar ligadas a una herencia colectiva, reflejando un estándar y una estética compartida por la comunidad, y haber sido transmitidas de generación a generación.

En realidad, estos entornos y estructuras monumentales están basados en una estética personal. Los lugares son todos únicos, y transcienden a todas las caracterizaciones de estilo regional o convenciones históricas. En contraste con el arte folclórico o el arte de los circuitos principales de arte, no hay relación entre una obra y otra; las obras son diferentes en su forma, material, plano, enfoque, e intención.

El historiador de arte Roger Cardinal recopiló una lista que nos muestra un amplio resumen de posibilidades para definir estos espacios, tales como: estructuras arquitectónicas, cambios a los edificios que ya existían, interiores decorados, exposiciones de las pinturas o esculturas del artista, asambleas y acumulaciones, jardines diseñados, formaciones de rocas o plantas adornadas, exposiciones exteriores, inscripciones, museos y colecciones personales, y monumentos, tumbas, y santuarios. Por eso, la investigación de estas obras suponen un reto para la mayoría de historiadores de arte o de arquitectura, quienes prefieren clasificar cada manifestación del arte por época o estilo: los espacios singulares no tienen nada que ver con estos tipos de clasificaciones académicas.

En el ámbito de las principales corrientes artísticas, el concepto de “entorno” no ha aparecido como un género aceptado hasta los años 50. Este retraso en su reconocimiento podría ser atribuido a que las construcciones hayan sido identificados como caprichos de curiosidad o locura, y frecuentemente generan controversia. Además, las construcciones o esculturas monumentales construidas con materiales reciclados – sobre todo, con materiales que se podrían caracterizar como restos o basura – normalmente no cabían ni en la forma ni en el tamaño dentro del denominado “Arte” tradicional.

En casi todos los casos, los estudios de estos espacios singulares revelan las labores de un solo y apasionado trabajador (a mis ojos un artista, pero no siempre a los ojos del creador), quien normalmente empezó a trabajar en ellos en los años posteriores a su jubilación, tras haber aprendido las técnicas y habilidades de haber realizado una profesión y haber dedicado su vida a su familia y a su trabajo. Aunque algunos artistas trabajan más deprisa que otros, la mayoría de los creadores de entornos dedican al menos una década, y hasta 40, 50 o aún 60 años de su vida a su creación. No es común que un artista abandone su trabajo creativo porque este se convierte en una parte esencial de su vida –casi una vocación– que tan sólo la enfermedad o la muerte detendrá.

Julio Basanta, 2014

En general, la intención del artista es que las obras sean miradas y entendidas en su totalidad con componentes inter-relacionados, en vez de una colección de obras distintas. Por eso, las obras crecen del contexto del sitio en sí-mismo, igualmente de la multi-dimensionalidad de la interacción de los elementos: esto crea una pontencialiad que se pierde si se muevan las obras o si se las sacan de su entorno,  o –aún peor– si se destruye el espacio.

Y esto no es un lugar cualquiera: algo esencial es que la mayoría de los creadores de los espacios singulares construyen en su propio hábitat: sus casas, sus jardines, sus fincas. Los únicos parámetros que mueven al creador son su propia disponibilidad de energía y materiales. Y al construir en su propio hábitat, los espacios están llenos de historias, conexiones, y experiencias personales: la obra se convierte en una fusión total entre el arte y la vida de quien la realiza.

Los constructores de espacios singulares por supuesto a menudo aluden a referencias folclóricas, populares, o culturales: sería imposible evitar la influencia de imágenes visuales que están omnipresentes en nuestro mundo y que han sido transmitidas por el peso cultural de la iglesia, de las escuelas, y de la televisión.  Pero tales influencias, al igual que la idea de crear algo para ser vendido o utilizado, tienen mucha menos relevancia en el artista frente al deseo de crear para expresar sus experiencias personales y culturales, y la disponibilidad de sus recursos. Los artistas utilizan la experiencia adquirida a lo largo de su vida laboral y utilizan algunas de las mismas herramientas que en su trabajo anterior. Por eso van aprendiendo a través de prueba/ensayo, error/rectificación, y adaptan a los cambios, a las oportunidades, a los fallos, y a la abundancia o la escasez de materiales, improvisando e integrando elementos a la hora de realizar sus nuevas visiones.

Aunque la primera intención de los creadores fuera construir algo para sí mismos, estos espacios personales se extienden hasta lo público en una gran variedad de niveles. Sus vidas cambian mientras van cambiando las formas de sus espacios, no sólo por las construcciones físicas sino por las nuevas interacciones que se van produciendo con su familia, sus vecinos, y los visitantes.

Como los lugares son muy complejos, normalmente no son comprensibles ni visibles desde una única perspectiva; lo que al principio se vislumbra como algo caótico y desordenado, evoluciona después de múltiples visitas y de múltiples perspectivas, hasta un conocimiento que el entorno hospeda patrones y ritmos casi como los gestos que se encuentran en la música de jazz improvisada.

La amplitud de este tipo de asamblea nos sugiere que es una respuesta bastante mundial de “hacer lo que se puede” con los materiales locales disponibles: estas expresiones no son un fenómeno aislado: existen miles de estos tipos de construcciones, cada una distinta y única, que han sido documentadas alrededor del mundo.

Casa de Dios, Julio Basanta López

Quizá el espacio singular más llamativo en España sea el grupo de castillicos, en las afueras del pueblo de Épila, creado por Julio Basanta. Basanta nació en 1934, y junto con sus nueve hermanos y la mayoría de sus vecinos, pasó un juventud difícil en aquellos años de guerra y posguerra. Recibió una educación básica y religiosa. Cuando tenía 12 años su padre se fue a Barcelona para trabajar, y poco a poco dejó a su familia abandonada. Julio aprendió las habilidades de albañil y trabajó para si mismo, haciendo pequeñas faenas; más tarde se casó y tuvo 5 hijos, incluyendo 4 hijas.

Aunque él afirmó que no era religioso, llamó a su construcción la Casa de Dios; de todos modos, se parece que hay más trasgresores que dioses. Basanta dijo que hay demonios que viven junto a nosotros que nos pueden asaltar sin aviso previsto – él lo sabía no sólo por la experiencia de haber sido abandonado por su padre, sino por la muerte de su hermano Vicente en 1977 y de su único hijo Moisés en el 2002, ambos fallecidos en circunstancias misteriosas y en las cuales estuvieron involucrados policías.

Para identificar y tal vez exorcizar a  los demonios, Basanta los situó alrededor de los castillicos. De tamaño superior a la escala humana, estaban construidos sobre una infraestructura de madera o ladrillos reciclados e hilos y varillas de hierro, todo ella cubierta con cemento y después decorada con pinturas industriales en colores vivos.

Utilizó la textura como recurso escultórico, que deja muy a la vista en la superficie de las obras la huella de su creación, lo que les da una gran intensidad expresiva. La mayoría de las obras se concentran al frente, en la entrada principal del entorno, muchas con una sola cara de orientación, y se las puede ver desde fuera del cercado cuando la propiedad está cerrada. Esta ubicación era intencional: él quería que los visitantes tuvieran acceso visual a sus obras sin impedimentos.

Más que otros artistas, Basanta no sólo fue agregando nuevas figuras y nuevas escenas a su sito, sino volvió a las anteriores para cambiar sus colores y su aspecto. Igualmente fue añadiendo objetos encontrados que pegó sobre los cuerpos de sus figuras. El lugar vino a ser, con cada paso, más denso, más agresivo, más violento, más polémico, y más impresionante. Su evolución fue a la par sueño y su pesadilla: “Aquí he tenido más de 40 años de lágrimas,” -dijo a un periodista ya en el año 2002.

Basanta trabajaba solo, y estaba, a la vez, orgulloso de su trabajo y harto de él. Unas veces afirmó que quería mantener el espacio como museo y que lo iba a donar al ayuntamiento del pueblo, pero otras veces cambió de opinión y declaró que después de la muerte de su hijo, con las hijas aterrorizadas por las figuras y sin ningún interés en vivir allí o mantener sus obras, un día incendiaría la propiedad con gasolina para destrozar todo lo que hizo. Finalmente falleció el verano pasado sin resolver su futuro. Ahora el sitio está en peligro.

Casa de Dios 2018

Conclusión

Los espacios singulares son lugares personales e individuales pero también tienen ramificaciones públicas significativas. Aunque todos tienen, de una manera u otra, relación con los contextos sociales y culturales, frecuentemente los espacios no caben dentro de los parámetros de lo que los vecinos consideran “arte.” Pero está claro que el acto de crear algo físico en suelo público provoca una reacción en la sociedad, algo que los artistas -algunos más pronto que otros- llegan a esperar y querer. Cada artista tiene una motivación propia para sus obras –y al final, todos están creando porque es “algo que hay que hacer”– pero también todos las hacen para conectar con los otros.  Y aunque el ánimo del público casi nunca es la fuente de inspiración para empezar la creación, mientras el artista continúa trabajando, esta motivación viene a ser un elemento no solo importante, sino esencial para impulsar el trabajo y comunicar su intención.

Aunque las obras de los artistas no académicos poco a poco comienzan a estar incluidas dentro de una definición más amplia de lo que es el arte, en la actualidad, su situación es muy precaria en comparación con otros géneros artísticos. Las obras de arte de la academia o de arte folclórico normalmente están protegidas de alguna manera, en galerías o museos, o bien cuidadas por las comunidades en donde se encontraban: aún si se encuentran en casas privadas, están relativamente seguras.

En contraste, la mayor parte de estos espacios singulares se encuentran fuertemente amenazados. La inestabilidad y precariedad física de los entornos se ven agravadas por la pésima gestión y falta de colaboración de las autoridades públicas. Las obras de arte de otros géneros no tienen que enfrentarse a una destrucción tan inmoral.

Por eso hay que puntualizar que no es suficiente agradecer y documentar estos entornos, sino que también es muy necesario involucrarse, durante años o bien décadas, si es necesario, en su defensa y acciones políticas. Cada éxito logrado es un paso positivo hacia el progreso y el avance en la definición de arte. Y por eso los espacios singulares entrarían dentro del ámbito de atención con el cual tratamos las obras de arte importantes, y no tendríamos que pensarlo dos veces antes de llegar a salvaguardarlos y preservarlos, como si fuera la tarea más natural del mundo. Muchas gracias por su atención.

(El libro Singular Spaces se puede comprar en Amazon:

https://www.amazon.com/Singular-Spaces-Eccentric-Extraordinary-Environments/dp/0615785654

Todas las fotos © Jo Farb Hernández. www.jofarbhernandez.com