En respuesta al feminicidio en Iveco

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Lo que ocurrió el sábado, 25 de mayo, no fue un suicidio, fue un asesinato, fue un feminicidio

Sus compañeros no son menos culpables, actuaron como una autentica manada

no nos podemos olvidar ni de la prensa ni de la empresa

Que el machismo mata, que mata mucho y que mata de maneras que la ley aún no recoge

COMISIÓN DE MUJERES FABZ

Un suicidio es una desgracia para toda la sociedad, es un hecho que nos pone ante un gran espejo y nos hace mirarnos a los ojos, es una demostración de que algo de nuestra propia estructura social falla y sin duda hay que poner sobre la mesa más recursos para prevenir casos como esos.  Pero también debemos ser honestas con nosotras mismas. Lo que ocurrió el sábado, 25 de mayo, no fue un suicidio, fue un asesinato, fue un feminicidio.

Nosotras no tenemos la legitimidad para tipificar el tipo de delito que es, pero si tenemos la obligación moral de denunciar la causa de un problema social. Porque no podemos hacer como si el suicidio no tuviera que ver con una serie de violencias machistas. Porque hay culpables y no son pocos.

Efectivamente, hablamos del caso de Verónica, la trabajadora de Iveco que fue asesinada, y a partir de ahora lo consideramos así, por el patriarcado. Porque es irrelevante su edad, su maternidad, cuándo hizo el vídeo o si cuando lo hizo estaba casada o no, nada de eso legitima el acoso que sufrió por parte de su ex pareja, la cual difundió un vídeo personal e íntimo, de contenido sexual, cumpliendo así  su venganza. Él sabía que le haría daño, por eso lo difundió entre sus compañeros de trabajo, él era totalmente consciente de las consecuencias y aun así lo hizo, solo porque ella no quiso volver con él.

Sus compañeros no son menos culpables, ellos actuaron como una autentica manada, y la realidad es que su actuación es el resumen perfecto de esas conversaciones de grupos de WhatsApp donde se da rienda suelta al machismo más deleznable. Donde se genera un contexto totalmente secundado por la estructura de nuestro sistema que es caldo de cultivo para la retroalimentación de una manada misógina a golpe de emoticono.

Pero no nos podemos olvidar ni de la prensa ni de la empresa. Una prensa que además de promover los roles y estereotipos de género durante todo el año y de ser responsable de dar un altavoz constante a una ultraderecha que quiere acabar con todo lo que ha construido el feminismo estos años. Es responsable de poner en horarios de máxima audiencia a gente como Fran Rivera, el cual no podía faltar a su cita con el machismo más casposo, pronunciándose de la siguiente manera sobre el asesinato de Verónica: «Los hombres, soy un hombre y lo digo, no somos capaces de tener un vídeo así y no enseñarlo». Estas declaraciones que abogan por un hombre irrefrenable ante sus “instintos”,  absorbido por la cultura de la violación que insinúan una culpabilidad de la mujer por existir o por hacer uso de su libertad sexual no nos representan y jamás lo harán.

Para finalizar, el último culpable, la empresa. Una empresa que era conocedora de la situación y que no hizo nada,  porque según ellos era un “asunto personal”, a pesar de tener un protocolo específico para estas situaciones, que como os imagináis, jamás fue activado.

El caso de IVECO evidencia que estamos muy lejos de garantizar la libertad sexual de las mujeres en nuestro país. Que el machismo mata, que mata mucho y que mata de maneras que la ley aún no recoge. Que por muchos recursos que se creen y se faciliten a las víctimas si estos no se activan no sirve de nada. Que el agresor sabía cómo se iban a comportar sus compañeros, sabía que podía contar con ellos para agredirla y eso nos deja mucho para reflexionar y que hoy ha sido en Iveco, pero que mañana puede ser y será en cualquier parte.

Desde la FABZ y desde su comisión de la mujer mostramos nuestro más sincero pésame a la familia de Verónica y en especial a sus hijos pequeños, que también han sido víctimas de la violencia machista. Deseamos hoy desde la pena y la rabia que sentimos que esto no vuelva ocurrir nunca.