Concentración mensual contra la violencia machista

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Como todos los primeros martes de mes, la Comisión de Mujeres de la FABZ convoca para HOY 2 de abril, a las 19 horas, en la plaza España, la concentración contra la violencia machista. En esta ocasión la Comisión de Mujeres del Picarral leerá el Manifiesto en el que recordará a las mujeres asesinadas en lo que llevamos de año. Romina, Rebeca, Leonor, Rosa, Kelly…, así hasta 15 nombres de mujeres víctimas de esta violencia que no cesa. Una vez más, el Manifiesto destaca que «la sociedad que convencerse de una vez que el machismo mata y hace imposible la convivencia exigible en una democracia. Aquí y ahora entre todas lo exigimos, pues la mitad de la humanidad tiene que seguir viviendo, no podemos permitir ni un asesinato más, ni que haya más familias destrozadas por esta causa».

Manifiesto de la Comisión de Mujeres de San José

leído en la concentración de marzo

El 2018 ha estado marcado por el despertar de millones de mujeres en todo el mundo, unidas por el lazo violeta de la sororidad, convertidas en hermanas al identificarnos como sujetos de las mismas injusticias. Juntas hemos compartido experiencias, nos hemos escuchado, nos hemos reconocido en situaciones similares y nos hemos creído entre nosotras. Sin embargo, todos los días amanecemos con las mismas noticias de abusos, agresiones, violaciones y asesinatos en los que el denominador común seguimos siendo nosotras, mujeres diversas de todos los orígenes, edades, anatomías, orientaciones sexuales y clases sociales. Es necesario un feminismo interseccional e inclusivo que una todas nuestras fuerzas

El escenario social y político actual nos deja claro que no podemos bajar la guardia ni por un instante. Nos hemos movilizado de forma masiva en las calles dando una respuesta brutal ante la llegada del fascismo y su retrógrado discurso cargado de misoginia, y tenemos que seguir alzando la voz ante quienes se siguen atreviendo a negar nuestra realidad, a decir que la violencia no tiene género y que lo que defendemos no es más que una ideología totalitaria y represiva. Por más veces que repitan la mentira, no la convertirán en verdad.

Buscan inútilmente enfrentarnos, pero nuestro enemigo es común y ante él salimos todas juntas a la calle a gritar que si tocan a una nos tocan a todas. En la actualidad el feminismo es el movimiento político y social más unido, con mayor fuerza y presencia en las calles. Tenemos la capacidad de transformar el miedo y la impotencia en lucha. El feminismo es contagioso y llega a cada rincón de nuestras casas, de nuestros trabajos, de nuestro ocio.

Es urgente que la sociedad en su totalidad identifique y entienda el problema que está en la base de todo, porque si no se reconoce su existencia difícilmente podrá ser solucionado. En nuestro entorno el machismo está culturalmente interiorizado y se normalizan gestos cotidianos a los que no se les da importancia pero que sirven de caldo de cultivo de la violencia machista. Solo siendo conscientes de esta realidad y trabajando por deconstruirla, conseguiremos un mundo más igualitario. Por muchas leyes que se hagan para protegernos, el problema persiste porque sin un cambio de mentalidad y la integración de las perspectivas de género de forma transversal en todos los ámbitos, nunca será posible una transformación real.

Es nuestro deber educar a las personas del futuro lejos del mito del amor romántico que, junto a la violencia contra las mujeres, es uno de los pilares más fuertes del patriarcado. Con él nos controlan desde que tenemos uso de razón, normalizando y dulcificando el maltrato, generando relaciones que se construyen en la desigualdad y la dependencia. Son los roles y estereotipos sexistas los que fomentan la existencia de hombres que maltratan a mujeres y mujeres que lo soportan.

Es por ello que no debemos transigir con el machismo y la misoginia en ninguna de sus formas, porque nos queremos libres y sin miedo, que valientes ya lo llevamos siendo toda la vida. No vamos a dejar de denunciar el terrorismo machista que nos ofende, nos acosa, nos viola y nos asesina. No vamos a permitir que se cuestione una realidad que nosotras vivimos a diario. No vamos a tolerar que siga en pie la estructura que lo mantiene y retroalimenta. Cada vez somos más conscientes y nos sentimos con más derechos, unos derechos que jamás se nos deberían haber negado pero que siempre tenemos que estar defendiendo porque cualquier excusa es buena para que los pongan en juego. No solo no vamos a permitir ni un solo retroceso en todo lo alcanzado, sino que no vamos a parar hasta que se haga justicia y alcancemos la igualdad real.

Hay que poner fin al infierno al que se ven sometidas aquellas mujeres que deciden actuar. Como si la situación en la que se encuentran no fuese lo bastante dolorosa, las mujeres que deciden denunciar son además juzgadas mucho antes de entrar en la sala. En primer lugar, por su entorno, que las hace responsables de su situación. Después, llega la violencia institucional.

Es escandalosamente elevado el porcentaje de mujeres que son cuestionadas desde el primer momento, sometidas a prejuicios racistas y sexistas, a procesos interminables y agotadores que en ocasiones son incapaces de sobrellevar y en los que son tratadas con nula empatía. Rodeadas por muchos profesionales (quizá demasiados), pero vendidas. Vendidas por un sistema patriarcal, por la falta de recursos, por la mala gestión de los existentes, por la mala e insuficiente formación de quienes los tramitan, por la nula sensibilidad ante su situación.

Y cuando por fin llegan al juzgado, cruzando los dedos para que quien emita la sentencia tenga una mínima perspectiva de género, en numerosos casos se encuentran con el muro de la justicia patriarcal que una vez más se dedica a juzgarlas a ellas en lugar de a sus agresores. Y es que hasta cuando nos matan nos hacen responsables. Somos asesinadas si nos defendemos, pero cuestionadas si salvamos la vida. Por quedarnos quietas, por no resistirnos lo suficiente, por consentir, porque igual es que lo íbamos buscando…

Es inadmisible el número de sentencias y resoluciones judiciales que se emiten en la actualidad que siguen promoviendo la misoginia, degradando a las mujeres y restándole importancia a la violencia que sufrimos. Porque cuando no tienes opciones válidas entre las que decidir, si no hay alternativa buena, no somos libres sino esclavas.

“Denuncia mujer, no estás sola” Nos lanzan campañas hipócritas que siguen responsabilizando a las víctimas sin atacar el problema de raíz. ¿Acaso no dice nada el número de asesinatos de mujeres que ya habían denunciado o tenían órdenes de protección? Qué valiente es la ignorancia, qué fácil es hablar desde la barrera de lo que no se sabe, de lo que no se ha vivido. Ha llegado la hora, de cambiar el foco y atribuir este problema a los verdaderos responsables, porque la violencia machista no es una cosa que nos pasa a las mujeres.

Exigimos políticas públicas adaptadas a esta realidad y por eso hemos de recordar movilizarnos también en las urnas. Cambiemos desde dentro este sistema en el que en muchas ocasiones no nos sentimos representadas, hagamos uso de ese derecho que tanto les costó conseguir a nuestras antecesoras y frenemos a quienes buscan un retroceso en todo lo alcanzado.

Tenemos que censurar a los machistas, señalarlos, avergonzarlos, excluirlos y hacerles sentir que están solos, que ya nadie les va a reír las gracias, y que tolerancia cero con sus comportamientos misóginos. Y este es un compromiso en el que todas las partes implicadas deben ser responsables, especialmente los medios de comunicación. Estamos hartas de interpelarlos, no puede ser que a día de hoy en las noticias se siga diciendo ”mujeres muertas” cuando han sido ASESINADAS.

¿Por qué no cuentan la realidad sin distorsionarla?

No olvidemos que los medios de comunicación están financiados por la misma publicidad sexista que también denunciamos.

De nuevo se aproxima el 8M y esperemos que se repita y multiplique la participación del año pasado, pero recordemos no quedarnos solo en la fecha, porque la lucha tiene que ser diaria, constante, en todos los ámbitos y sin descanso.

Porque vamos a seguir diciendo lo que pensamos, a vestir como queramos, a ocupar los espacios que nos han sido negados, a rebelarnos ante cada nuevo ataque y nadie lo va a poder evitar.

Otro mundo es posible, y solo juntas podremos alcanzarlo.

Supervivientes, rebeldes, feministas siempre.

Vamos a romper las cadenas del patriarcado.

Por nosotras, por las que vendrán, por las que ya no están.

Zaragoza no se rinde, Zaragoza siempre feminista.

Ni una menos, ni un paso atrás