Zaragoza 1979, una mirada desde el urbanismo, por J.A. Lorente

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ZARAGOZA 1979 Una mirada desde el urbanismo

José Antonio Lorente Fernández, arquitecto urbanista

Con la muerte del dictador Francisco Franco (1975) se extingue el régimen franquista y se inicia la transición a la democracia con las primeras elecciones generales (1977) que dieron paso al gobierno de UCD/Suárez, la nueva Constitución (1978), y las primeras elecciones municipales democráticas (1979) que dieron la alcaldía de Zaragoza al PSOE/Sainz de Varanda (1978-1986), en un contexto de crisis económica.

Zaragoza venía experimentando un fuerte incremento de población que se aceleró entre 1960 (326.316 hab) y 1980 (571.855 hab.), un crecimiento del 75% en 20 años con causas en el papel de la ciudad como importante núcleo de comunicaciones, en la creciente industrialización, y en la potente inmigración campo-ciudad.

Los PGOUs

Zaragoza se regía entonces por el Plan General de Ordenación Urbana de Emilio Larrodera (1968) que contemplaba una ciudad de hasta un millón de habitantes (850.000 hab. en año 2000). Incorporando planes anteriores (polígonos de la Gerencia del INV (1961), áreas industriales del Polo de Desarrollo (1964), red arterial (1964), y los barrios exteriores (Oliver, Valdefierro), que habían quedado fuera del anterior PGOU de Yarza (1959).

El PGOU/1968 mantenía la estructura concéntrica del anterior PGOU de Yarza (1959) completada con desarrollos lineales a lo largo de las carreteras (fundamentalmente de Logroño y de Barcelona), y una propuesta (no aprobada) de una nueva ‘ciudad en paralelo’ con capacidad para unos 200.000 habitantes, ubicada relativamente aislada en las terrazas del Gállego de Peñaflor.

El sistema arterial del PGOU dividía el suelo en ‘polígonos’, a los que asignaba una zonificación, remitiendo su ordenación a planes parciales para su desarrollo posterior. Se configuraba así una estructura urbana polinuclear, con un conjunto de ‘unidades vecinales’ o núcleos descentralizados en torno a parroquias o ‘centros cívico-comerciales’, continuadora de la idea del ‘urbanismo orgánico’ predominante bajo el franquismo.

El PGOU/1968 favoreció que siguieran los procesos de ‘macizado’ de la ciudad, que ya se venían produciendo bajo el PGOU de Yarza (1959), mediante procesos de sustitución de edificaciones, y de renovación de usos y rellenado de espacios institucionales (colegios, cuarteles, conventos) y fabriles. El Plan era también generoso en la calificación y aprovechamientos de terrenos periféricos a ordenar mediante planes parciales en donde también se permitían las ‘actuaciones aisladas’ previas al plan. Su desarrollo dio lugar un frenesí inmobiliario, con triquiñuelas para maximizar los aprovechamientos urbanísticos (edificios singulares, inejecución de zonas verdes y equipamientos, carencias de urbanización, etc.). En suma, se permitieron unos volúmenes de edificación excesivos que, en conjunto, comportaban una capacidad de población muy superior a la teórica estimada por el Plan.

FOTO: ZARAGOZA ANTIGUA

El “macizado”

Gran parte de una ingente actividad edificatoria se volcó sobre la ciudad existente, a través de la sustitución de edificios, construcción de solares vacantes, y rellenado huecos y bordes del tejido urbano.

Los barrios de viviendas unifamiliares (Delicias, etc.), se reedificaron con vivienda colectiva en manzana cerrada con patio interior y altura según el ancho de la calle (normalmente PB+4 para evitar el ascensor), que multiplicaba el número de viviendas, sin urbanización ni aportación de suelo para espacios libres o equipamientos. Normalmente eran fruto de la acción de pequeños promotores, incluso no profesionales, que obtenían suelo edificable a cambio de obra.

Barrios como Las Fuentes vieron multiplicarse sus ‘ordenaciones de manzana’ colmatándose su edificación en densas manzanas cerradas.

La sustitución de usos de diversas implantaciones en suelo urbano que se desplazaban o desaparecían (conventos, colegios, cuarteles, industrias) dieron lugar a grandes parcelas en las cuales se aplicaron directamente las normas de edificación a las alineaciones del Plan, sin exigirse Planes Parciales, ni urbanización, ni zonas verdes, equipamientos o estacionamientos. Es el caso de conventos y sus huertas (como Santo Domingo, Santa Lucía, Fecetas, Santa Inés, la Encarnación, El Carmen, Santa Mónica, Altabás, Adoratrices), de industrias que desaparecían (como las azucareras del Ebro y del Gállego, Zara, el Gas, Pina, Gilca), o se trasladaban (como Escoriaza, Mercier, Florencio Gómez, Hierros Usón, y editorial Luis Vives), y de colegios religiosos que se trasladaron del centro a la periferia liberando grandes solares edificables con altas edificabilidades (El Salvador, Sagrado Corazón, Adoratrices y Teresianas). El colegio del Salvador daría lugar a la nueva sede de la Caja de Ahorros, y el colegio del Sagrado Corazón a ‘El Corte Inglés’ y ‘Residencial Paraíso’.

Los Polígonos

En otros casos, tanto con el Plan de Yarza (1959) como bajo el Plan de Larrodera (1968) se actuó por ‘polígonos’ desarrollados mediante Planes Parciales, normalmente con tipologías de bloques de edificación abierta, con altos aprovechamientos y carencias dotacionales.

Planes Parciales de iniciativa privada:

  • Polígono ‘Monsalud’ (1968)
  • Polígono ‘Viviendas Torrero’ (1969)
  • Polígono ‘Miraflores’ (1970)
  • Polígono 7 (Torre de Bruil, edificio Don 2000, etc.)
  • Polígono 51 (1971-1976)
  • Polígono 89 Montecanal (1976-1979 y 1986-1988)

Planes Parciales municipales

  • Polígonos 57 ‘Valdefierro’ y 36 ‘Puente Virrey’ (1972)
  • Polígonos 3 ‘Pignatelli’, 9 y 10 ‘Las Fuentes’, 36 ‘San José’, 37 ‘Torrero-La Paz’, y 71 ‘Santa Isabel’ (1973)
  • Polígono ‘Universidad’ (1974)
  • Polígonos 45 ‘Puerta de Sancho’ o ‘La Química’, y 56 ‘Oliver’ (1971-1974)
  • Polígono ‘Zalfonada’ (1977)
  • Polígono 49 (1977-1980)

Planes Parciales de vivienda unifamiliar:

  • ‘El Zorongo’ (1975)
  • ‘Torre del Pinar’ (1977)
  • ‘Mirador Fuente de la Junquera’ (1979-1981)

Polígono Miraflores y vista desde Tenor Fleta, todavía con frontón del colegio Agustinos

Actuaciones aisladas y “singulares”

Una aportación ‘original’ de los PGOUs de 1959 y 1968 fueron las denominadas “actuaciones aisladas”, en las que con carácter transitorio hasta la aprobación de planes parciales se permitía la edificación de fincas de al menos 1 ha. con unos servicios provisionales, un retranqueo  a los linderos y una reserva de suelo para las futuras cesiones legales de modo que pudiesen encajarse en un futuro Plan Parcial. Las actuaciones aisladas permitieron numerosas implantaciones industriales en los corredores carreteros y en los polígonos (Europa, Pikolín, Portazgo, Vistabella, San Carlos, La Unión, Montemolín, San Valero, etc.), y tuvieron gran importancia en la promoción de viviendas en tipologías de edificación abierta y alta densidad (Isabel la Católica, Vadorrey, Kasán, La Bombarda, Parque Hispanidad, Las Nieves), y unifamiliares (como San Lamberto, Maitena, Torre Barajas).

Finalmente, en casos excepcionales se permitían ‘edificios singulares’ por su altura y disposición con ciertas condiciones (sin incremento de volumen ni densidad, sin perjuicio del soleamiento de colindantes, con mayor espacio libre en PB, y materiales de ‘nobleza’) muchas veces incumplidas. Entre estas los edificios Ebrosa (1969), Don 2000 (1973), o el de 16 plantas en plaza Salamero (1977).

La tipología de las edificaciones registró la aparición de los bloques de “doble crujía pareada” (planta en “H” con cuatro viviendas por planta), tanto en agrupaciones de manzana como en edificios aislados, dando lugar a viviendas interiores sin vistas a la calle y viviendas con mala orientación respecto a su soleamiento. Una variante de esta tipología fueron las agrupaciones en bloques hexagonales, utilizados profusamente (en Miraflores, Parque Hispanidad, Kasán, La Jota). Muchas veces las ordenaciones de edificación abierta utilizaron combinaciones de bloques o torres “H” y bloques de doble crujía y doble orientación.

La ingente actividad inmobiliaria de los años 60-70 propició la actuación de ‘grandes promotores’ que llegaron a constituir un oligopolio del mercado de suelo zaragozano, y la importancia creciente de la actividad financiero-inmobiliaria de la CAZAR, Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, hoy Ibercaja.

El ACTUR

Con la promulgación del II Plan de Desarrollo (1969) el Estado vino a monopolizar la ordenación del territorio y la extensión del espacio urbano, a través del planeamiento sectorial y del ‘urbanismo concertado’ que comportó la construcción de infraestructuras (autopistas, ferrocarriles), y una política de suelo basada en el incremento de la oferta mediante la creación a corto plazo de suelo urbanizado a precios razonables, que luego se enajenaba en favor de la iniciativa privada, sobre todo integrada por grandes propietarios y/o promotores inmobiliarios.

La ‘actuación urbanística urgente’ “ACTUR Puente de Santiago” de Zaragoza se planteó, derivada del ‘Polo de Desarrollo’ que había impulsado un fuerte desarrollo industrial y crecimiento demográfico, relativamente al margen de la política municipal y alterando el PGOU. Con una superficie de 665 ha y capacidad para casi 100.000 hab., fue ordenado mediante un Plan Parcial (1971-1973), si bien su desarrollo se produjo con lentitud por lo que el suelo apareció en el mercado con gran retraso, edificándose a partir de los años 80.

Mientras tanto, se clausuraron la red trolebuses (1975) y la red de tranvías (1976), y al hilo de las políticas sectoriales del Estado se formuló la nueva ‘red arterial’ (1978) que incorporaba las autopistas AP 68 a Logroño y Bilbao (1978) y AP 2 a Barcelona con la Ronda Norte (1979), y tuvo lugar la ‘Operación Cuarteles’ (1971) para la compra al Mº. del Ejército de suelos desafectados del uso militar que llevó a la desaparición de numerosos cuarteles urbanos que, a modo de una nueva ‘desamortización’, pasaron a propiedad de la ciudad, y que durante el periodo democrático posterior permitieron la implantación de importantes equipamientos, o fueron privatizados.

El Casco Antiguo

En cuanto al casco antiguo, el Plan General de Larrodera (1968), abandonó la idea de prolongar el Paseo de la Independencia hasta la Plaza del Pilar, pero mantenía la construcción de la Vía Imperial que en su tramo entre Conde Aranda y el Ebro con el reciente puente de Santiago (1967), comportaba el derribo de la manzana Cerdán-Escuelas Pías y del propio Mercado Central.

Los movimientos ciudadanos que habían ido surgiendo desde finales de los años 60 y sobre todo en la década de los 70, tuvieron un hito en la lucha contra el derribo del Mercado Central impulsada por la Asociación de Vecinos ‘Lanuza-Casco Viejo’ y otras entidades y particulares (1977).

En un contexto de crítica de las ideas de la ‘ciudad funcionalista’ de la ‘Carta de Atenas’, las luchas para salvar el Mercado pusieron de manifiesto una nueva sensibilidad hacia la protección de un patrimonio arquitectónico que venía sufriendo una intensa destrucción, y de un casco antiguo muy degradado, que venían siendo masacrados durante el desarrollismo de los años 60-70.

La lucha culminó con el derribo de la manzana Cerdán-Escuelas Pías, la declaración del Mercado Central como Monumento Histórico-Artístico (1978), la Incoación de la declaración de Conjunto Histórico-Artístico para el recinto de los Sitios (1979), y el posterior Plan Especial del Centro Histórico de Zaragoza (1980-1981).

El urbanismo franquista concluyó con la ‘Reforma Ley del Suelo’ (1975-1976), que sustituyó a la Ley del Suelo de 1956, y que junto a sus Reglamentos (1978) constituyó un completo corpus legislativo urbanístico cuya incidencia se produciría en el periodo democrático posterior. Se cierra un periodo y se abre otro.