HISTORIAS «Zaragoza según el plano de 1712 y su vecindario de 1723». Libro de José María Ballestín

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La Institución Fernando el Católico ha publicado recientemente el libro de José María Ballestín, con la colaboración editorial de Álvaro Capalvo,Zaragoza según el plano de 1712 y su vecindario de 1723. Se trata de un magnífico trabajo que combina, como su título indica, ambos elementos para ofrecernos un inapreciable documento sobre la ciudad y sus habitantes en unos momentos cruciales de su historia.

Tanto el uno como el otro, plano y vecindario, explica Ballestín, responden a los intereses del nuevo régimen borbónico que, tras la guerra de Sucesión,  reemplazó a la monarquía de los Austrias, y que en nuestra ciudad tuvo como más significado acontecimiento la batalla del Barranco de la Muerte, en Torrero.

En cuanto al plano, parece ser un boceto sin terminar, con muy escasas anotaciones en francés, pero del que se pude deducir que estaría relacionado con una propuesta de fortificación y el diseño de una ciudadela que protegiera la ciudad como no lo habían hecho en aquella guerra las antiguas defensas medievales.

El Vezindario, por su parte, atiende a las necesidades recaudatorias del nuevo régimen, ante las que la ciudad ya había protestado por su excesiva carga contributiva, y de la que ciertos estamentos privilegiados pretendían permanecer exentos. La respuesta de su Majestad borbónica, Felipe V, no se hizo esperar y ordenó la confección de este “nuebo vecindario arreglado a justicia y a los que se practican en Castilla…” Se enmarca, pues, en la política de establecer una nueva ordenación jurídico administrativa, denominada Nueva Planta, que supuso la supresión de buena parte de los privilegios y del aparato institucional aragonés, Cortes, Diputación, Virreinato…, así como del gobierno de las ciudades, sustituyendo a los tradicionales jurados, elegidos por “insaculación” entre las élites locales, por los nuevos regidores, designados directamente por el rey entre sus fieles de esas mismas élites.

Pero, señala Ballestín, lo que era una “mera funcional herramienta fiscal… devino en una monumental y coral imagen de la ciudad y sus habitantes…”.

Así, una buena mañana del día 10 de septiembre de 1723, el intendente general del reino y corregidor de la ciudad, junto a otro caballero regidor,  y contando con la asistencia de dos “ministros de dicha ciudad, deputados por sus ilustre ayuntamiento para asistir y acompañar a dichos señores”, salieron de las Casas de la Ciudad (Ayuntamiento), torcieron a la derecha y embocaron la calle del Pilar para ir registrando, una a una, todas las casas de la ciudad,  sus propietarios, los vecinos que las habitaban, incluidas sus caballerías “mayores y menores”, y sus oficios y condiciones.

El libro, tras una precisa introducción sobre el contexto histórico, presenta desglosado en 14 secciones, a doble página, la reproducción del original del plano de 1712, seguido de la misma sección pero retocada y rotulada con los nombres de las calles y sus edificios más destacados (palacios de los nobles, iglesias, conventos, mercados, graneros, almacenes, mesones…), así como, en las afueras de la ciudad, sus torres, acequias y caminos. Además, cada sección va acompañada de su correspondiente comentario explicativo.

Con ello, gracias a este ímprobo trabajo, el lector o lectora puede seguir hoy a aquel intendente real y acompañantes, en su concienzudo deambular por plazas, plazuelas, adarves, callejuelas, carreras, subidas y bajadas, de la ciudad y, como señalamos, por sus términos de huertas (Romareda, Adulas, Las Fuentes, Rabal, Ranillas…) con sus correspondientes torres, acequias, brazales, molinos…

Aquella mañana de septiembre, por ejemplo, los regidores siguieron la calle del Pilar, entrando en la

 “Casa propia y en ella el marqués de Lierta, casado, con dos hijos y vna hija, con cuatro criados mayores, vn capellán, ocho criadas y vn ama, vn cochero y dos lacayos…”

Debieron, luego, echar marcha atrás para registrar la calle del Mesón del Obispo, seguir por la del Horno de la Caraza y, girando a la derecha, entrar en el callizo de Talamantes, donde registraron la

“Cassa de don Pedro Salinas, y en ella Joseph de Pradas, arquilador de mulas, casado, vn hijo y dos cavallerías. Y en la misma, Bernardo Jayme, maestro esquilador, viudo, una hija, y mantiene a su madre viuda y anciana”.

Siguieron por las calles de la parroquia del Pilar, para terminar la mañana en la diminuta Callejuela de la Moneda, con tan solo tres casas, una de ellas

Cassa del capítulo del Pilar, y en ella Pedro Balles, jornalero enfermo que pide limosna, casado. Y en la misma, Martín de Sora, sin exercicio, casado y dos hijos. En la misma, Vizente Rodrigo, jornalero antes y aora sin exercicio. En la misma, Joseph Salas, lacayo de don Benito Vrries, casado y vna hija. Todos los quatro pobres de solemnidad.

Y así, una a una, hasta 4.893 casas y edificios, y 30.039 vecinos y vecinas. Es destacar el ingente número de casas propiedades del clero, parroquias, conventos y eclesiásticos particulares. Nada menos que 2.645, (más de la mitad), una característica -ya señalada en otros estudios- que suponía suculentas rentas para los mismos. Se puede también apreciar la distinta tipología de los habitantes de los barrios. Así, los artesanos y labradores de las parroquias de San Pablo, Altabás (Arrabal) o la Magdalena, con numerosas caballerías:

Cassa del capítulo de San Pablo, y en ella Juan de Assín, aguador, tres hijos, quatro cavallerías menores –borricos-, las dos enfermas…

Hay que resaltar también la concentración en determinadas calles principales de vecinos más o menos acomodados, mercaderes y tratantes, maestros oficiales, tejedores, plateros, etc., con sus aprendices y uno o dos criados. Así en las calles que hacen referencia a sus oficios, Cuchillería, Platería…, o la calle Nueva, entorno del Mercado, La Seo, San Gil… Pero, junto a estas, en callejuelas aledañas, se observa la presencia de pobres de solemnidad, enfermos o baldados, mendicantes y viudas, apiñados en muchas viviendas, como la citada de la callejuela de la Moneda. En el resumen con el que se abre el Vecindario, son 5.196 los que se declaran pobres, a los que hay que sumar los 1.297 acogidos en los hospitales, y 1.722 que se declaran “pobres de solemnidad”, lo que supone el 27,2% del total de la población.

Torrero en Viena

En suma, un inapreciable libro para viajar por el tiempo y pasear por la Zaragoza de hace tres siglos. Hay que destacar la magnífica edición, con numerosas ilustraciones, fotos y otros planos, muchas de ellas poco conocidas o inéditas, y todas cuidadosamente tratadas con los modernos medios digitales por el diseñador gráfico Víctor Lahuerta. Por supuesto, la edición incluye en la contra solapa  el plano desplegable de 1712, y varios apéndices, como un utilísimo vocabulario, según el diccionario de la época.

Como última curiosidad, entre las muchas que el atento lector podrá encontrar, señalemos la referencia y las fotos del sepulcro del emperador de Austria y pretendiente al trono de España, Archiduque Carlos. Aunque al final perdió la guerra frente al Borbón francés, a su muerte quiso que el frontal de su sarcófago fuera reservado para –escribe Ballestín-  “una talla en relieve con la representación de una de sus grandes victoria como caudillo militar…, precisamente, la que tuvo lugar una calurosa mañana del mes de agosto del lejano 1710, en un paraje denominado Barranco de la Muerte, muy cerca de la ciudad de Zaragoza”. ¡Quien se lo iba a decir a los orgullosos vecinos de Torrero que hoy se declaran República Independiente donde aún reinan aquellos Borbones!

SECCIÓN 6: LA SEO Y LA MADALENA

SEPULCRO DEL ARCHIDUQUE CARLOS, CON LA BATALLA DEL BARRANCO DE LA MUERTE

BATALLA DEL BARRANCO DE LA MUERTE