En memoria de José Luis Ochoa. Por Demetrio Morato.

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EN MEMORIA DE JOSE LUIS OCHOA

Por Demetrio Morato

El día 18 del pasado mes de febrero falleció, de forma inesperada y súbita, José Luis Ochoa, miembro de la Asociación de Vecinos de la Jota, a cuya Junta pertenecía desde hacía 40 años y con una trayectoria muy destacada también en diversos aspectos de la acción social en la Ciudad.

Perteneciente a la Compañía de Jesús (Jesuitas), había desempeñado diversos cargos en ella hasta que en 1975, siendo director del Colegio Mayor Pignatelli y tras un discernimiento profundo con los otros miembros de la Dirección, decidieron optar por formar una nueva forma de vida y trabajo en una parcela del Barrio de la Jota. Dejaron así de formar parte de la vida universitaria para entrar de lleno en la entonces precaria vida de los Barrios periurbanos en donde acababa de nacer un nuevo tipo de agrupaciones, las Asociaciones de Cabezas de Familia, un resquicio legal que permitía ejercer reivindicaciones elementales que de otro modo no era posible hacer en un régimen opresivo y dictatorial como el franquismo.

Desde aquel primer momento en el Barrio, no ha cesado ni un solo día en participar, de modo diverso, en la marcha de la Asociación de Vecinos, así como en otras iniciativas de tipo social (Casa de Juventud, Talleres Ocupacionales, Adunare, Coop-57, etc.), siempre sensible a cualquier clase de necesidad que la Sociedad, especialmente la juventud, necesitara, y en la que pudiera arrimar el hombro con provecho. Su exquisito gusto estético junto con su enorme interés y dedicación a la informática, hicieron famosos sus carteles anunciadores de cualquier evento social o cultural que se hiciera.

Destacado en innumerables facetas personales, eran su optimismo esperanzado junto con una cordialidad a prueba de bomba, los que lo definían muy especialmente y los que hacían de él un personaje particularmente agradable y accesible. Los dos homenajes que ha recibido, uno por parte de los Colectivos sociales en los que participaba y otro, más íntimo, de la Comunidad de Ruiseñor 7, en la que vivía, han resultado ampliamente participativos y emocionantes. Descanse en paz.