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CAVA Sobre las concesiones hidroeléctricas del Pirineo. Por J.C. Crespo

CAVA Sobre las concesiones hidroeléctricas del Pirineo. Por J.C. Crespo

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La frialdad de  “On the rocks”

Juan Carlos Crespo,  Confederación de Asociaciones Vecinales de Aragón (CAVA)

Estos días la prensa recoge la intención del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente del Reino de España de subastar las centrales hidroeléctricas al vencimiento de actuales concesiones, evitando que administraciones públicas las gestionen directamente.

Al leer la noticia, como un resorte, vino a mi mente el relato “On the rocks” del libro de Severino Pallaruelo “Pirineos, tristes montes”. El bueno de Severino narra la historia de su tío Mateo, obrero de la hidroeléctrica que explotaba el salto de la localidad sobrarbense de Lafortunada cuando, mediado el pasado siglo, diariamente en compañía de dos burros partía a las 5 de la madrugada de dicha localidad con destino al lago Marboré, regresando  tras 16 horas de marcha al punto de partida cargado de nieve. “¿Para quién era? Pues hombre ¿para quién va a ser? para los ingenieros, para los jefes. Y ¿para qué la empleaban? ¿para refrescar la bebida? Claro, claro, para refrescar la bebida, para esas bebidas que se toman así, con hielo como picado, con nieve. Les iba muy bien aquella nieve para eso.”

Un segundo resorte se activó también en mi memoria. Corría 1997 y la concesión para ejecutar el embalse de Jánovas, de 1917, estaba próxima a caducar por ausencia de ejecución del proyecto;  por ello la hidroeléctrica concesionaria llevó a cabo  movimientos de tierras y la construcción de una ataguía para mantener los derechos adquiridos de un modo “creativo”. Lamentablemente el 18 de diciembre del mismo año una crecida del río Ara de 700 m³/s de caudal punta tropezaba con la barrera de tierra recién construida y  1551 m³/s la arrasaba provocando inundaciones y obligando a la Guardia Civil y al Servicio de Protección Civil comarcal a la evacuación aguas abajo de la población de Margudgued. 

Seguramente la Sra. Ministra nunca oirá estas historias. Pero a buen seguro conocerá que en el Aragón, ENDESA posee concesiones en las centrales instaladas en Canfrac, Villanúa, Castiello de Jaca y Jaca con más de 100.000 KW de potencia; lo mismo que en el Gállego en Sallent, Panticosa, Biescas o Caldearenas; o en el Cinca en Bielsa, Tella-Sin, Laspuña o La Fueva. 

Tampoco le resultarán desconocidos a la Sra. García Tejerina los nombres de Ángel Acebes, José María Aznar, Carmen Becerril, Carlos Borbón-Dos Sicilias, Santiago Cobo, Ana Cuevas, Carlos Espinosa de los Monteros, Nemesio Fernández Cuesta, Ignacio López del Hierro, Rodolfo Martín Villa, Miquel Roca Junyent, Javier Rupérez, Paloma Sendín, Pedro Solbes, Isabel Tocino… todos ellos, en algún momento, con responsabilidades en empresas destacadas del sector energético nacional. O que el proceso de privatización de las eléctricas arranca con Felipe González, se apuntala con José María Aznar, y es defendido con uñas y dientes por el Gobierno del Sr. Rajoy Becaría.

Centenares de ayuntamientos aragoneses afectados en su municipio por  infraestructuras e instalaciones hidroeléctricas deberán agradecer a la Sra. Ministra no caer en la tentación de participar en el sector  ejercitando el derecho de reversión (¡Para eso ya están otros!). Alcaldes de pequeñas poblaciones quedarán complacidos con nuestra prócer al evitarse el engorroso posicionamiento en el mundo de la generación, abasteciendo a locales públicos y vecinos de suministro eléctrico a precios racionales. Gratitud también de presidentes de Confederaciones Hidrográficas, que en la errónea creencia de sentirse holandés o finés, apuestan por un sector público, porque así disminuirá su carga de trabajo.

Volvamos al relato inicial. Mateo hablaba de su trabajo para la hidroeléctrica sin odio ni servilismo, con normalidad. La misma normalidad de 1.300 hogares aragoneses que no pueden pagar la factura energética y de los miles de euros que los ayuntamientos invierten de sus exiguos recursos en ayudas para paliar la pobreza energética; la normalidad de constatar que la central del Pueyo de Jaca generaba el kilowatio a menos de un céntimo y su precio de venta al público de los promotores del tarifazo superaba los doce céntimos; o la de las tres principales compañías eléctricas que obtuvieron el pasado año un beneficio bruto de 11.128.000.000 de euros; o la del expediente de reversión de la central de Lafortunada que durmió 7 años en algún cajón ministerial. 

La normalidad con que lo relacionado con el agua se ajusta a la norma del negocio frío para unos pocos. Como la nieve de Marboré.

Artículo también publicado en la sección de Opinión del Periódico de Aragón

 

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